El bebé recién nacido y el oxígeno

A veces notarás que tu bebé se despierta llorando y se mueve en su cuna. Esto no tiene que ver con el hambre, sino con la búsqueda del oxígeno y la respiración pulmonar que el bebé debe aprender ahora que ya no está en tu barriga.

A veces notarás que tu bebé se despierta llorando y se mueve en su cuna. Esto no tiene que ver con el hambre, sino con la búsqueda del oxígeno y la respiración pulmonar que el bebé debe aprender ahora que ya no está en tu barriga.

Tu bebé que acaba de nacer busca oxígeno y lo hace porque no está acostumbrado a buscarlo solo. En esta etapa fuera de su mamá debe aprender a respirar de manera pulmonar. Cuando estabas embarazada a tu bebé nunca le faltó oxígeno pero a la vez jamás necesitó respirar para tenerlo. El oxígeno le llegaba por medio del torrente sanguíneo del cordón umbilical.

Ahora, de pronto, todo cambió. Solo en su cunita se despierta y llora. Una de las causas puede estar relacionada con esta poca experiencia para lidiar con el aire que lo rodea. Cuando siente que le falta oxígeno, llora para lograrlo, se mueve, repta y se retuerce en su cuna, como forma de autoestimularse.

La madre al levantarlo, acariciarlo y alimentarlo le estimula la respiración y satisface su necesidad de oxígeno.

¿Por qué es importante que levantes a tu bebé?

El contacto corporal estimula los capilares sanguíneos y los filetes nerviosos de la piel del bebé, que favorecen la respiración del pequeño. A veces, comprensiblemente, las madres primerizas suponen que los niños sólo lloran por hambre o porque les duele algo, ofreciéndoles el pecho constantemente. Pero el bebé simplemente tiene necesidad de ser arrullado, mecido, acariciado, calentado y además, por sobre todo, sostenido y agarrado.

Lo primero que te sugerimos hacer cuando levantas al bebé que llora es mantener la calma y transmitirla. Luego, y lo más tranquila que puedas, comenzar a buscar las posibles razones de este despertar abrupto y así hallarás la forma de ayudarlo.

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Una piel de bebé

La piel de tu bebé es suave por naturaleza y, para mantenerla así, te damos algunos consejos sobre cómo cuidarla. ¡A tomar nota!

Durante su primer año de vida, la piel de tu bebé es propensa a irritarse con facilidad: puede escamarse, pelarse en algunos lugares o formar pequeñas erupciones. Por lo general estas reacciones son inofensivas, tienen que ver con el acoplamiento del metabolismo y desaparecen cuando se regula el equilibrio del organismo.

Al bañarlo, asegúrate de que el agua no esté muy caliente, y utiliza jabones neutros sin perfume. Es muy importante que luego seques bien toda su piel con una toalla suave de algodón. Lava su cabello con un champú hipoalergénico, preferentemente al comienzo del baño. Evita que tu bebé esté en el agua por un período superior a los 20 minutos, porque se cansan.

Si tu bebé tiene una tendencia hacia la piel seca, consulta con tu pediatra la conveniencia de aplicarle una crema humectante. La piel seca provoca comezón, y si tu bebé se rasca puede provocarse infecciones. En estos casos además de una buena crema humectante se recomienda bañar al bebé con un jabón de avena.

La zona del pañal merece especiales cuidados, ya que el exceso de humedad y el contacto con la orina y deposiciones puede irritar la piel de tu bebé y derivar en una dermatitis del pañal. El cambiado frecuente del pañal es la forma más sencilla de evitar este riesgo.

La piel de tu bebé puede reaccionar frente a cambios de clima extremos. En días de calor, pueden salirle puntitos rojos que son inocuos y no necesitan tratamiento especial. Los días de frío, sin embargo, es recomendable proteger la cara de tu bebé con crema, re cuerda siempre consultar con tu pediatra. 

La mayoría de pediatras y dermatólogos no recomiendan exponer la piel de tu bebé a los rayos del sol antes de los 6 meses. Después de los 6 meses no te olvides de la importancia del protector solar, es una forma fácil de evitar complicaciones.

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